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Imaginología básica: El caso Kirlian

Se supo imaginario cuando por primera vez en su existencia sintió la necesidad de comunicarse con otro ser humano... Debo detenerme antes de continuar con el relato, y espero sepa comprender el lector/a que las aclaraciones siguientes son enteramente pertinentes con el fin de narrar la historia del imaginario que aquí nos reúne. "La vida de los imaginarios es empíricamente misteriosa, racionalmente desafiante y objetivamente milagrosa."  Cita sobre los imaginarios, autor anónimo. El tiempo imaginario es sumamente relativo, no existen caninas reglas de tres que nos permitan afirmar que un año humano son siete años imaginarios. Los imaginarios tendrán la edad que sus imaginantes (término acuñado por el primer imaginólogo, quien también bautizo su propio oficio en el siglo pasado) entiendan precisa en el momento en que están siendo imaginados. Así por ejemplo, los imaginarios de los pequeños, suelen ser niños de su edad que crecen con los mismos hasta la etapa adolescente...

Silencio porque

No hablaron. No hablaron de su racional miedo a los perros, bautizado a los siete años, cuando el can de un vecino no entendió la simpatía de un niño y le dejó una cicatriz en forma de media luna en su muslo derecho. No hablaron de lo racional del miedo. No hablaron de lo irracional del miedo. Ella no le dijo que sufría de recurrentes dejà vus. Tampoco le dijo que la expresión "sufría de" no era azarosa, ya que muchas veces esto la llevaba a dudar fervientemente de la realidad, de su propia cordura. No hablaron de sus vicios. Ella no le contó que fumaba veinte cigarrillos diarios. Él no le contó que fumaba tabaco solamente cuando le apetecía. Ella no hablo del moretón que se alojaba de manera grotesca en el lado izquierdo de su cuello. Él no le hablo de que los colores violáceos del golpe le recordaban a las lunas pintadas por Cuneo. Él no le dijo que odiaba a Cuneo. No le contó las desagradables sospechas que le generaba dicho moretón. Ella nunca le dijo que lo veía observar...

Que no hay alcohol

En días como aquel la casa se mecía suavemente sobre la marea. Las pequeñas olas que la hamacaban en un ritmo constante se estrellaban dulcemente contra los cimientos generando una espuma de pulido blanco que contrarrestaba la turbación del resto de aquel  océano marrón. A primeras horas de la tarde la bruma descendía cual telón, anunciando el final de la función, lo que resultaba irónico ya que en dicho momento comenzaba nuestro pequeño espectáculo marítimo. El oleaje embravecido era nuestro primer divertimento, cerrábamos las dos ventanas del comedor herméticamente con el fin de entregarnos al mareo y evitar los daños colaterales de las salpicaduras. El calor se apoderaba del interior del hogar, tan interno y propio, que efectivamente no era la bienvenida del mismo, sino el exilio del frío fuera de nuestra propiedad. Frenéticos cánticos de sirena endulzaban nuestro paladar en el transcurso del viaje. Nos adentrábamos concienzudamente en la tormenta, se pr...

Fuego camina conmigo

- ¿De que querías hablar Beatriz?  - Te quiero decir algo, hace tiempo que lo vengo pensando. Hace tiempo que vengo pensando en algo. Tengo una fantasía recurrente. No es parte de mi subconsciente. No sueño con ella. No, no. Está parada al frente de mis pensamientos, un alumno escribiendo en el pizarrón. ¿Será esa la diferencia entre los sueños y las fantasías?  Esta fantasía es sencilla. Cierro los ojos y la dibujo en la parte posterior de mis párpados. Los cuales en principio pudieran parecer un lienzo pequeño para este paisaje. Me veo caminando, de espalda, mi espalda, esa parte de mí que no veo, me imagino la distancia entre mis hombros, las imperfecciones de mi nuca, mi cabello, no importa que ropa lleve, nunca uso zapatos, ni ningún tipo de calzado, siempre voy caminando descalzo. Me detengo ocasionalmente para apretar el pastizal verde con los dedos de mis pies, como un pequeño primate que comienza a comprender la utilidad de sus extremidades. Camino sobre un extenso...

El alemán

Al despertar, la única certeza fue la de estar muerto. Se auscultó como si fuese médico. Camisa a rayas de manga corta, celeste sobre blanco, pantalón pinzado y alpargatas. Tenía una caja de cigarros blanda, un encendedor chico casi sin gas y la billetera vacía. Se vio a si mismo sentado, con las piernas completamente extendidas como hacía mucho no se veía. Quizás desde la infancia. Cuando se incorporó se dio cuenta de su "chuequera". Recordó correr desordenado. Correr junto al tren, como en un cuento de Cortázar que nunca leyó pero que en ese momento parecía fresco y claro. Vio la calle de pedregullo y balastro y se sintió inundado por el recuerdo. Las zanjas a los costados. Todo. Incluso el olor a petricor, aunque no lloviera. Los rasgos en vida. Decidió explorar. No era Magallanes, pero conocía aquel páramo. Su infancia. Arcaica y pura en Tacuarembó. Diez hermanos. El mayor. La muerte de su madre. La muerte de su padre de cismar. La responsabilidad heredada. Herencia de lo...

Crónica de una muerte truncada (o bien, como soltar)

- TESTIGO: Gastón Parnaso Romero, masculino, oriental, 37 años, caucásico, profesor de matemáticas, viviendo en concubinato con Dahiana Herrera Molina (38), padre de Marcio Parnaso Herrera (7). DECLARACIÓN: Lo vi cuando se iba, siempre sale un poco pasadas las cinco, no sé a donde va, pero creo que estudia, por lo general prende un cigarro en el momento en que pone un pie en la calle, pero esta vez salió fumando del apartamento, le quise decir que no fumara en el corredor del edificio, más que nada por el botija, pero paso apurado, y tenía cara de "no querer hablar con nadie". Es buen pibe, un poco raro, pero buen pibe. (...) Creo que estaba vestido con una camiseta negra con un estampado blanco, jean azul y no me acuerdo de los pies. Llevaba mochila. (...) No, no, nunca dio problemas. Cuando abandonamos el edificio supe que algo no estaba bien, yo me sentía turbado, reticente a hablar, evasivo. Tengo congelada una imagen que nunca vi, la impresión de una oración en mi cab...

De lunes a lunes

Aquella tarde de luz ámbar, la electricidad se creyó sol, y justo en el momento en el que el magnánimo astro desparecía por el oeste, a la corriente eléctrica le pareció simpático imitarlo. Un apagón sumergió al edificio de Alicia en la más pulcra penumbra. Alicia que llevaba a cabo la titánica tarea de enfrentar al tedio entre netflix y cigarrillos, solo pudo verse suspirar ante el aburrimiento forzoso. Aburrimiento que obra de maneras misteriosas y nos empuja a prácticas extrañas, distintas, foráneas a nuestra persona. En el caso de Alicia, su aventura ociosa la llevó a mirar por la ventana, a fumar sin ganas mientras descansaba los codos en el pretil. Frente por frente a su edificio se alzaba otra construcción de mayor tamaño. De pudientes ventanales en los que nunca había reparado. Encontró diversión en contar los pisos. Catorce. En explorar cada ventana. La mayoría mantenía en las persianas herméticamente cerradas. Alicia sintió por un instante que el edificio sabía que lo mirab...